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Historias verdaderas? Te deseo lo mejor, pero…

zapatos rojos

Historias verdaderas? Te deseo lo mejor, pero…
Una sensación de paz es la indicación de que has tomado la decisión correcta. 
Pero hay ocasiones que, para alcanzar esa plenitud y esa calma, tienes que pagar un peaje demasiado caro. 

Has tenido que atravesar un camino plagado de incertidumbre, de subidas y bajadas, de muros infranqueables, de piedras que han entorpecido una y otra vez ese sendero, de tropiezos y caídas que han consumido tu energía hasta agotarla e impedir que puedas levantarte una vez más.

Y entonces un día decides plantarte y abandonar esa meta.
Porque los silencios han hablado demasiado, porque la espera se ha hecho eterna, porque el tiempo se agota, porque te das cuenta de que ya, no vale la pena.
No soporto la soberbia, ni el orgullo.
Considero que jugar con los sentimientos de la otra persona, una y otra vez, es injusto y de cobardes.
Sé que a veces, sólo somos capaces de ponernos en la piel del otro, cuando nos pagan con la misma moneda.
Por eso, había decidido meterme en tu piel y devolverte tu moneda.
Había pensado que, tal vez, sería justo aclarar tus dudas con mis silencios, acercarme a ti manteniendo la distancia y regalarte mi presencia a golpe de ausencia.
Pero me dado cuenta que soy demasiado valiente, demasiado sincera y demasiado “yo” como para hacer de “ti”.
Así que, ahora que te tengo delante te digo que, de haberlo sabido, hoy estarías más lejos de mi vida de lo que estás ahora.
Que no hubieras ocupado tanto tiempo en mi mente, ni hubiera desperdiciado tantas horas intentando comprenderte.
Que no hubiera desnudado mi alma, ni habría justificado tu comportamiento tantas veces.
No habría arriesgado, ni apostado tanto por ti.
Porque jugué a ganar y volví a perder.
Ahora ya no hay marcha atrás.
Ya no voy a volver a volver.
Porque no sé lo que buscas, ni me importa, pero imagino que valdrá mucho más de lo que estás perdiendo.
Porque yo me planto.
Porque no quiero escucharte más.
Porque agotaste mi cupo de oportunidades.
Porque me aburres.
Porque eres previsible.
Porque eres inmaduro.
Porque eres un cobarde.
Porque no me has valorado.
Porque has jugado conmigo.
Porque estoy cansada de ti.
Porque no mereces la pena.
Gracias por todas tus lecciones.
Gracias por defraudarme una y otra vez, eso me ha hecho más fuerte. Gracias por engañarme, eso me ha dado más confianza en mí misma. Gracias por enseñarme que los silencios pueden ser lo suficientemente fuertes como para destruir un corazón.
Gracias por ser “TU” porque eso me ha permitido ser más “YO”.
Gracias por ocupar ya un capítulo pretérito de mi vida, lo has conseguido por méritos propios, los tuyos.
Te desearía lo mejor, pero ya lo tuviste.
Y esa es la sensación de paz que se siente cuando sabes que has tomado la decisión correcta.
Desconozco el autor.
Guille dice….
Por ti, por mí, por nosotros, por siempre y hasta siempre
Caminemos…. en vías diferentes.
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