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Los Fuegos de Akyra… Colaboración de Ing. Edith Muñoz

 

los fuegos de akira

 

Los Fuegos de Akyra…

Akyra salía de la cocina refunfuñando en contra del ogro, que la había obligado a desayunar huevos tibios, plátano apachurrado con azúcar y leche.
El ogro, hermano menor de su madre, un joven guapo, blanco, alto, de veintidós años, pelo negro chino, ojos cafés grandes, con un pequeño derrame rojo en el ojo izquierdo, con la barba partida, lo que le daba una apariencia de un ser maquiavélicamente interesante.
El tío Akilian decía que la abuela estaba echando a perder a su sobrina, una chiquilla melindrosa, que solo comía lo que a ella le gustaba, fruta, galletas; marías, perlitas y las saladas untadas de aguacate o con chorizo, ese delicioso del norte de México que tiene un sabor y color rojo especial, un poquito picante con su olor a cominos, pimienta y vinagre. ¡Ah! Por supuesto su refresco de Escuis de manzana o un Hit de uva. Akyra prefería el Escuis de manzana que su abuela ponía a tibiar bajo el sol mañanero ¡Para que su niña no se enfermara! el joven ogro repelaba en contra de su madre, abuela de Akyra, porque le daba a la niña refresco tan temprano. Él también la consentía cómo no, si era una muñequita de carne; hermosa, de tez blanca, pelo largo color azabache peinado en dos trenzas con  cordones de lana negros, grandes ojos verdes, esbelta como una espiga de trigo, con sus calcetas y vestido rojos a cuadros y su suéter negro, que además le hacía compañía a su madre ya viuda, ¡cómo no quererla! por las mañanas el ogro le hacía cosquillas a la niña en la panza para que despertara y lo acompañara a desayunar. Cosa que Akyra evitaba, porque significaba desayunar leche, eso a ella no le gustaba, prefería jocoque con rajas de chile poblano, tortillas y su refresco. __ ¡Ese tío tirano, que sabe de niños! __ Pensaba Akyra
Mientras salía al jardín aun con el estómago y paladar rezongando.
Observó el jardín de la abuela, estaba hermoso, brotes verdes por todos lados anunciaban la primavera, de mil novecientos setenta y uno: el granado, el durazno, los jazmines blancos y amarillos floreados en todo su esplendor, aunque fresca la mañana, estaba deliciosa la atmósfera familiar, a pesar del mal rato pasado en compañía del tío Akilian, aquel jardín era la representación de un amor infinito por la vida y la naturaleza.
La niña fue a observar la botella verde de refresco, que tenía colgada en el peral, al centro del jardín llena de agua con uno de sus largos cabellos dentro.
Se decía que el cabello en agua se vuelve lombriz.
¡Ella quería ver si era cierto!
Lo observo contra la luz del sol ya tenía ocho días ¡Y… nada! El cabello seguía ahí algo enlamado pero el cabello no era ninguna lombriz, le grito a su tío y a su abuela que aún estaban en la cocina conversando.
__ ¡Ey, no es cierto eso que dicen, aquí no hay ninguna lombriz!_
A lo que le contestaron.__ ¡Deja la botella, el cabello se va desaparecer y la lombriz se va esconder en la tierra!__ La niña pensó y sonrió __ ¡Creen que soy mensa! Me quieren embobar con esto, Mm ¿Que haré? No tengo ganas de hacer tarea, ni de leer,  estamos de vacaciones de semana santa, tampoco quiero ir a la casa de mis papas, además está haciendo aire y frío para ir a los columpios__

Los columpios eran unas ruedas de tractor amarradas con una soga que colgaban del pirul y del mezquite, estaban al fondo del patio de la hermosa y soleada casa de su abuela al frente estaba el gran zaguán sombrío, que casi nunca abrían, dos habitaciones a cada lado lo escoltaban, la del tío y la de la abuela que compartía con Akyra, en la esquina la tienda de abarrotes que atendía la abuela, enseguida haciendo escuadra la cocina, después un pequeño espacio de veinte metros cuadrados donde se almacenaban los cartones de refresco, también los dos tanques de gas que alimentaban la estufa de la cocina, a continuación la bodega pequeña que se perfilaba para en un futuro ser otra alcoba, en la pared de la bodega que daba al patio se encontraba la tazolera de maíz apilado en manojos hacia lo alto, como una gran pirámide donde Don Ventura y Don Santana pizcaban, arrodillados sobre el rastrojo.
Akyra traviesa sonrió al posar su mirada en los dos pizcadores y murmuró. __ Parecen salidos de un cuento__ el primero semejaba un pirata, un viejo correoso alto, delgado, algo encorvado, con el pelo gris un poco largo con un sombrero gris obscuro algo café por las manchas del sol y el agua, viejo como el mismo y tuerto del ojo derecho, algo que le daba un aire siniestro a sus finas facciones, las uñas de los pies colgaban de sus huaraches de suela de llanta; largas, gruesas y grises, el en si era él hombre gris, hablaba poco, además de pizcador, era el aguamielero del pueblo, también vendía cubetas de las tunas más grandes y ricas de la temporada, él decía que eran tunas de castilla y Don Santana era el viejito bonachón, buena gente, chaparrito, limpio de pelo entrecano con su sombrero redondo con alas extendidas, que en tiempo de clases vendía dulces fuera de la escuela, él si era muy platicador, ellos pizcaban a un lado de la bodega a donde se dirigía Akyra, dudando aún, si se sentaba en lo alto de la tazolera a platicar con ellos; más allá de los pizcadores y los columpios estaba otra bodega más grande donde se guardaban los trebejos para labrar el campo y atender el jardín, enseguida una barda larga que desembocaba a la puerta del corral de los animales y maquinaria, cuya puerta colindaba con la habitación de su tío el ogro y al centro el hermoso jardín, con un pozo rodeado de flores, pájaros, mariposas y una que otra araña meciéndose en su telaraña a causa del viento.
Akyra pensativa miraba a su alrededor buscando en que ocupar el tiempo, para pasar desapercibida de los adultos el resto del día y aun cuando de manera inconsciente dirigía sus pasos a la bodega, la cual su abuela ocupaba para guardar todo lo que salía de la tienda de abarrotes; cartón, rejas,
botellas, latas un sinfín de cosas que estaban muy bien acomodadas alrededor de aquella bodega siempre limpia que en esa ocasión tenía al centro una fogata de tres piedras con dos botes de
hojalata llenos de agua uno encima del fuego para que hirviera y otro al lado para que se tibiara, eran botes que salían de la tienda cuando se vaciaban de alcohol, cajeta o de manteca, y se utilizaban para calentar el agua para bañarse al sol en un enorme cazo de hojalata.
Akyra siempre sonreía cuando se veía acostada en aquel rustico baño a los rayos del sol bañándose deliciosamente con abundante agua caliente, ya que la abuela ponía el cazo  hasta el borde de agua para poder disfrutar el sol y el calor de agua, que después se utilizaba para regar el jardín, la niña recordó sonriendo a su abuela bañándose con su blanca su piel,  como tortilla de harina,  rodeada por sábanas para que no la vieran ojos indiscretos y que servían de barrera contra las ráfagas de viento frío. Y se miró a si misma pensando:
__ ¡El desayuno perfecto para los caníbales negritos, ya está listo!__ Como su imaginación solo necesitaba la brisa de un pensamiento, Akyra, vio a los negritos con su hueso en su negro y ensortijado pelo, bailando con sus faldas raídas de leopardo, alrededor del cazo donde su abuela se bañaba.
Se vio a si misma sonriendo adormecida por el calor del sol que pasaba entre las enredaderas del jardín, donde se sentaba a tomar un Escuis, mientras escuchaba las pláticas o cuentos de su abuela.
En ese momento Akyra, volvió de su ensueño a la realidad y decidió que como hacía frío, iría a la fogata, en la bodega siempre le había guastado jugar con  fuego, su tío el ogro se había ido a la labor andaban despedrando, preparando la tierra para la siembra de ese año, su abuela en la tienda, la muchacha en la cocina y los dos pizcadores  frente a la tazolera de maíz ni en cuenta la tomaban, ellos seguían llenando sus costales de mazorcas.
Ya sin dudar se fue a la bodega, tomó un bote y un palo, se sentó sobre el bote cerca del fuego y durante un rato estuvo moviendo las brasas para que salieran destellos de diferentes colores le gustaban mucho los azules, los rosas intensos y el rojo sangre, al poco tiempo se aburrió pero el calor que sentía en sus mejillas y cuerpo le hicieron buscar un nuevo juego, recordó que su tío Akilian fumaba y ¿Ella porque no?
Así que se acercó a las rejas de madera que servían para trasportar la fruta, pero ya sin fruta servían para almacenar triques y papeles. Akyra tomó unos trozos de papel y delicadamente los dobló simulando  un cigarro y se dispuso a fumar, el chiste era echar humo, aunque fuera del papel que se consumía.
Nuevamente comenzó a hastiarse, cuando escuchó la voz de la abuela que decía. __Ahí está, búscala, andaba por la bodega __
Akyra se asomó a la puerta de la bodega , vio a su amiga Martha que ya avanzaba por el sendero adoquinado de ladrillo, bajo la sombra de las enredaderas, su compañera de grupo, vecina y amiguita de juegos; una niña bien parecida de tez apiñonada, largas trenzas negras, tenía un poco bizcos sus ojos cafés, lo que la hacía parecer  una niña pícara y mala, nada que ver con lo que en realidad era Martha, con su vestido amarillo, suéter y calcetas verdes;  Akyra, feliz de tener compañía le dice a su amiguita:
__Martha por acá ¡Ven  vamos a jugar, a que somos “grandes y que sabemos fumar”, si no sabes yo te enseño!__
A lo cual la niña asustada le responde. __ ¡Nos van a regañar!__
Akyra contesta, __No, hace rato que estoy aquí y nadie me dice nada, así que agarra tus papelitos y tu bote para que te sientes ¡No tengas miedo, es divertido!__  Nunca le aclaró que si no le decían nada, era porque no sabían lo que estaba haciendo. ¡Y ahí están las niñas traviesas jugando con fuego!
Pero como Akyra ya estaba un poco enfadada con ese juego, de pronto le dice a su amiguita: __Martha, que te perece si mejor quemamos papeles, hacemos figuras con el fuego y el humo al aire va ser más divertido__
Manos a la obra pusieron las niñas, entre risas y carreras comenzaron a quemar papeles compitiendo a ver quién le salían mejor las figuras, ya no tenían cuidado en apagar los restos de papel pisándolos o en el botecito de agua que tenían para tal motivo, los papeles que les quedaban a medio consumir los escondían en la rejas de triques, así duraron entusiasmadas quemando papeles olvidando el paso del tiempo.
Martha  olvidó su temor y disfrutaba feliz entre risas junto con Akyra aquel emocionante juego, ya cansadas arrimaron nuevamente un montón de papeles para cada una y sentadas en sendos botes, siguieron quemando papeles haciendo figuras o simplemente disfrutando los colores del fuego. Cuando de pronto las niñas sintieron más calor y voltearon a la puerta, espantadas vieron que la bodega ardía por todos lados y ellas estaban al centro junto al otro fuego.
Akyra veloz de pensamiento miró a su derredor y aterrada vio que la puerta aunque abierta estaba en llamas, completamente cerrado el paso no tenían por donde salir.  El humo comenzaba a dificultar la respiración y el calor cada minuto era más intenso, tenían que encontrar una salida ¡Pero ya!

Martha angustiada a punto de llanto le decía:  __ Akyra grítale a tu abuela o nos achicharramos ¡Tú tienes la culpa! ¡Te dije que no jugáramos con fuego! ¿Qué va a decir mi mamá si no llego?__
Akyra angustiada le dice a Martha que ya lloraba en silencio __ ¡Cállate, déjame pensar! No tengas miedo yo te voy a sacar de aquí, sin que se te queme un solo cabello, vas a volver a ver a tu mamá ¡Pero, déjame pensar!
Martha aterrorizada y temblando se agarró de la mano de Akyra, mientras ella asustada pensaba como salir de aquel horno. Akyra con la boca seca, las sienes y el pecho golpeándole con el ¡Tum, Tum! de su corazón angustiado buscaba la salida y como calmar a su amiguita, para que
no gritara porque las iban a regañar,  y quizás hasta una buena cueriza les darían a las dos por traviesas.
La pequeña Akyra primero pensó en la ventana que daba a la tazolera de maíz pero la ventana era muy pequeña y estaba en lo alto, además el fuego ya consumía esa área, la única salida era la puerta, que también estaba en llamas, su amiga temblaba como si tuviera fiebre, le estrujaba las manos sudorosas con desesperación. Y aun cuando sus propias lágrimas amenazaban en salir y romper en llanto. Akyra fingiendo una seguridad que no sentía, le dijo a su amiga que ya comenzaba a toser:

__¡Cálmate ya encontré la salida, pero necesito que me prometas que me vas a obedecer y al salir no vas a decir nada! salimos tu derechito para tu casa y yo me voy a la casa de mi mamá ¡Porque si dices algo nos van a meter a la cárcel por andar incendiando la bodega!, y tú no sabes pero yo sí, las cárceles son obscuras, frías, dan miedo, huelen feo y dicen que las de Durango son las más peligrosas, ahí te encierran y no te puedes dormir porque amaneces muerto__
Akyra no le dijo a su amiga que esa era una leyenda de Durango, de un alacrán que mataba a los prisioneros por la noche y que solo uno que no se durmió y estuvo al pendiente con una vela y una cobija, toda la noche atrapó el alacrán responsable de tanto misterio.
Ella necesitaba que Martha tuviera miedo para que no hablara, mientras advertía a su amiga, Akyra se dio cuenta que el viento fuerte que sopla en las tierras norteñas hacía que el fuego se abriera por una fracción de segundos, el miedo ya le recorría frio y pegajoso por la espalda, las piernas ya flaqueaban, estaba bañada en sudor, pero aun así, estoica y con firmeza le vuelve a decir a su asustada amiguita:
__ ¡Escúchame bien suelta tantito el miedo! Necesito que pienses y no te equivoques, para poder sacarte. ¡Mira el viento abre el fuego! así que esperemos y a la cuenta de tres, al soplar el viento y
abrir el fuego salimos corriendo, cúbrete el pelo con el suéter y agárrate fuerte de mi mano no te sueltes porque si nos quedamos nos achicharramos. ¡No dudes y no hay que llorar porque no vemos, yo te jalo y no grites, porque recuerda que nos pueden  meter a la cárcel!
En eso estaban cuando el viento abrió en dos el fuego de la puerta, ¡pero el miedo las paralizó! y no pudieron salir, el corazón estaba debocado, así que respiraron y nuevamente se cubrieron el pelo y se agarraron fuertemente de la mano de la que ya escurrían gotas de sudor, al igual que sus frentes y espaldas. Akyra le ordena a su amiga y a sí misma para calmarse:
__ ¡Respira hondo, y pongámonos en posición de correr para que en cuanto abra el fuego salgamos a cuenta de tres! __
Y ahí están las dos niñas tomadas de la mano, con la otra deteniendo el suéter por la barbilla protegiendo el pelo y cara. Atenazadas para no perder el valor, levemente inclinadas, respirando pausadamente para no aspirar humo, esperando que el viento escuchara sus ruegos. Cuando el viento volvió a soplar en dirección a las llamas de la puerta Akyra comenzó a contar __Uno, dos ¡Corre Martha, no me sueltes!
Salieron como rayos expelidas por una fuerza sobrehumana, en la explanada terriblemente asustadas, jalaban aire desesperadas, aventaron los suéteres, brincaban, se sacudían el pelo, la ropa, la una a la otra se revisaban, al fin suspiraron aliviadas habían salido de aquel horno, sus corazones latían con desenfreno, sentían el aire fresco, eran las nuevas aves fénix, habían vuelto a nacer.
Akyra aun preocupada, le dice a su amiga: __ ¡Te saqué y no se te quemó un solo cabello, no me creías!
A cambio le prometía a Dios, que si nos salvábamos nunca en mi vida voy a fumar, el cigarro es vicio de tontos, según lo que aprendimos hoy, es para gente que no sabe qué hacer con su tiempo, sus manos y menos con su cerebro, ya sabemos que se entretiene uno viendo el humo o haciendo figuras sin quemarse.
¡Ahora lo que importa, es que no nos metan a la cárcel, así que tú te vayas a tu casa, y yo a la de mis papas y nunca digas que nosotros incendiamos la bodega de la abuela! __
Las niñas arreglaron su pelo enmarañado, se limpiaron las manchas de tizne, se colocaron sus suéteres y salieron rumbo a sus casas, al pasar por la tienda donde su abuelita despachaba a  un cliente. Akyra fingiendo tranquilidad le dice:
__Abuelita voy a ver a mis papas regreso por la tarde__
La abuela la abrazó y le dio un beso dejándola ir.
Akyra y Martha en cuanto estuvieron en la calle echaron a correr eran vecinas, ya en casa de sus padres Akyra rápido olvidó lo acontecido por la mañana, abrumada por el trabajo que hacía para ayudar a su madre, en los quehaceres domésticos, alimentando animales o de nana de sus hermanos, decidió regresar a casa de la abuela donde ella era feliz sin otra obligación más que estudiar y jugar. Por lo dijo a su madre:  __Ya me voy con mi abuelita__
La casa de la abuela estaba a una cuadra de distancia, salió con el sol dando de pleno, con una luz alegre y luminosa, ya no hacía viento, Akyra iba feliz brincando a media cuadra cuando, ve a su abuela, su tío, la cocinera, el peón todos con su maletín de baño ¡iban a los baños públicos!
De golpe recordó la bodega echa un horno, quiso desandar el camino pero era tarde la habían visto.  Y le gritaron.
__ ¡Córrale mi hija, vamos a bañarnos!
Más a fuerzas que con ganas comenzó a correr, los pies le pesaban como si fueran de piedras, corrió a los brazos del tío y la abuela que ya la esperaban ansiosos para abrazarla y besarla, a la vez que le decían:
__ Mi niña, se salvó de milagro con el aire alguna chispa salto y se incendió toda la bodega. ¡Santo Dios que peligro vivimos! Los tanques del gas y el rastrojo rodeaban la bodega puro combustible. ¡Benditos don Ventura y Don Santana! Que vieron que salía humo por la ventanita y decidieron asomarse, si no quién sabe si lo estuviéramos contando.
Tuvimos que sacar mucha agua del pozo y en cadena pasar los baldes de agua, para apagar aquel horno, nosotros solo dábamos gracias a Dios que nuestra niña Akyra ya no estaba en la bodega.
Antes de llegar a los baños públicos, pasaron por la iglesia del pueblo a dar gracias por estar vivos. Akyra se arrodilló en el templo y con vergüenza le dijo a Dios:

__Perdóname por callarme.
Gracias porque no le pasó nada a nadie y me permitiste salvar a mi amiguita, si no nuestras madres estarían llorando en este momento. Te prometo que nunca tendré él vicio del cigarro. Martha nunca habló, los años pasaron la abuela y su tío se fueron del pueblo, después se iría Akyra y al cabo de treinta años un día se volvieron a ver.
Entonces Akyra le preguntó a su abuela si recordaba cuando se quemó la bodega, porque ella y Martha eran las culpables. Sobre todo ella que había comenzado con el juego del fuego. La abuela soltó la carcajada y dijo:
__ ¡Mi hija, usted y sus cuentos!
Akyra sonrió y le contestó: __ ¡Ah que mi abuela, que no me cree este cuento!
Ni para que le cuento, el cuento de los otros fuegos de la vida, de los que también he resurgido, solo que de esos fuegos me quedaron ampollas y cicatrices en el alma.

Fin

 

Gracias a nuestra colaboradora en Aroma de Rosas…

EDITH MUÑOZ

LUGAR DE RESIDENCIA:   Texcoco Mex.

CORREO ELECTRONICO: elresplendor08@hotmail.com

TITULO DEL CUENTO: LOS FUEGOS DE AKYRA

SEUDÓNIMO: Zhalim                

Edith muñoz Ibarra, nació en Ramón Corona poblado perteneciente a los llanos de Durango, INGENIERO AGRONOMO ESPECIALISTA EN ECONOMIA AGRICOLA, por la Universidad Autónoma Chapingo. Generación 1992. Titulada con la tesis COMERCIALIZACIÓN DE FRIJOL EN EL MUNICIPIO DE CUENCAME DURANGO

El ánimo y práctica de contar cuentos lo desarrollo con los niños de su familia; hermanos e hijos a fin de que hicieran la tarea y estuvieran quietos les contaba historias que hoy están plasmadas ya en letras a petición de sus hijos.

Participo como comentarista de opinión en la revista LUCES DEL SIGLO de Cancún Quintana Roo durante el año 2008.

Ha publicado algunos cuentos en Facebook con buena aprobación de lectores, EL POZO, ZULEIKA Y LA MAGIA DE LOS HUEVOS DE TORO, TUS TIEMPOS NO SON SUS TIEMPOS, también una novela corta YARA.

 

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