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Mi madre, mi señora y mi maestra… Poema de Nemesio García Naranjo

monterrey en primavera

Mi madre, mi señora y mi maestra

No es Monterrey rosal de invernadero
que exige tierra fértil y el cuidado
de un experto y devoto jardinero;
no es la orquídea parásita que inmola,
de tronco ajeno, el zumo delicado,
y con la gloria del matiz robado
fabrica el esplendor de su corola;
ni es tampoco la grácil trepadora
que en un árbol frondoso se encarama
o que frágil y tímida reclama
el apoyo del muro que decora.
Nacida en tierras ásperas y eriales
bajo un cielo impasible que escatima
sus lluvias maternales;
golpeada con el látigo de un clima
que, alternativamente la flagela
con el fuego de soles estivales
y un invierno que todo lo congela.
Monterrey es la planta libre y fuerte,
que contra el infortunio se abroquela;
y en pugna siempre, con infausta suerte,
no se doblega nunca ni marchita,
porque en ella palpita
el amor que inspiró la Sulamita
más fuerte y grande que la misma muerte.
Una planta frugal, sobria y austera,
que florece en los páramos baldíos
sin la caricia de la primavera
ni el riego cariñoso de los ríos,
está alegorizada en la bandera
de nuestra patria. Al águila altanera
que estrangula serpientes venenosas
le pregunté una vez: “¿por qué te posas
sobre un rudo nopal? mejor quisiera
mirarte reposar en las frondosas
ramas de los sabinos,
en le esbeltez gallarda de los pinos
o en el airón triunfal de la palmera.”
-Y respondióme el águila bravía:
“Es el nopal mi predilecta planta,
porque a todos los árboles supera
en sobriedad, orgullo y osadía;
porque el mismo huracán no la quebranta,
porque es el fuerte y soberano emblema
de la perseverancia y la porfía;
porque el sol más quemante no la quema
y el frío más intenso no la enfría;
porque vive entre secos pedregales,
sin pedir a los dulces manantiales
la ofrenda de sus aguas cristalinas,
porque con sus raíces acerinas,
los peñascos más áridos perfora
y porque, virilmente, se decora
con la mejor diadema;¡la de espinas!
Porque jamás a alguna
otra planta le quita su alimento;
porque transforma la humedad del viento
en el almíbar fresco de la tuna
que proporciona al indio su sustento.”
Al escuchar el férvido homenaje
del ave heroica hacia el nopal bravío,
me acordé Monterrey, de tu linaje
y pensé que el rendido vasallaje
para tí también era, pueblo mío;
pues tú también con devoción cultivas
las tierras más hostiles y resecas,
y merecen tus pencas agresivas,
sostener a las águilas altivas
de los viejos oráculos aztecas.
Tú también, en estériles eriales,
con tu raíz, abriendo pedernales
y removiendo con tesón, la escoria,
sacar supiste de la entraña obscura,
la cimera arrogante de la gloria
y la exquisita flor de las peñas;
vivificaste los solares muertos,
y haciendo florecer hasta las breñas,
llenaste de perfume los desiertos.
Tú, a luchar me enseñaste, pueblo mío,
contra la furia del destino adverso;
a nadar, contra el ímpetu del río,
y también a intentar desde un erío,
la conquista de todo el Universo.
Tú me dijiste que el tesón constante
siempre conduce a un éxito preciso,
porque en todo carbón hay un diamante,
y duerme en todo erial, un paraíso.
Tú me lanzaste a la aventura loca
de sembrar en los páramos helados,
y abrir los surcos en la dura roca,
aunque se despedacen los arados.
A dominar la tempestad que ruge,
a inundar con sonrisas los pesares,
como el río Amazonas, cuyo empuje,
el acíbar endulza de los mares.
A buscar, como el ínclito almirante
en el ocaso, un orto fulgurante;
a tornar en blasones los estigmas,
y a descifrar los áridos enigmas
que formula la Esfinge amenazante.
A redimir los predios infecundos,
a extraer la riqueza de la nada;
y a venerar los soles moribundos
como si fueran soles de alborada.
A tener el valor que se coloca
arriba de los fallos del destino
y a golpear, como Moisés, la roca
que estalla en un torrente cristalino.
A no esperar que la naturaleza
nos rinda generosa sus tributos,
sino a ir hacia ella, con firmeza
y arrancarle sus flores y sus frutos.
A buscar, con empeño y dondequiera,
en el ruido estridente, una armonía,
en la desesperanza, una quimera,
en el dolor, tal vez, una alegría,
y en la desolación de la sequía,
un alegre jirón de primavera.
A vivir en perpetua rebeldía
en contra de la inercia que se estanca
pues nadie en este mundo se hundiría
si pensara que Homero no veía,
que Beethoven, en música, no oía
y la Venus de Milo es una manca.
Madre austera que sabes ser fecunda,
dentro de la aridez que te circunda,
Maestra del carácter y Señora
del trabajo viril y omnipotente;
cada vez que mi espíritu se siente
estrangulado por tremenda cuita,
tú bajas hacia mi como una aurora
y un beso maternal sobre mi frente
a vivir y a luchar me resucita.
Me inundas con tu ejemplo de esperanza
me armas de nuevo con broquel y lanza
y vuelvo presuroso a la palestra,
y como siempre, siempre que te llamo,
acudes con amor a mi reclamo,
Monterrey, con orgullo te proclamo:
mi madre, mi señora, mi maestra.

Nemesio García Naranjo

Breves datos del autor:

Nemesio García Naranjo nació el 8 de marzo de 1883 en la ciudad de Lampazos, Nuevo León, sin embargo, sus estudios primarios los cursó en Encinal, Texas, y los de bachillerato en Colegio Civil de Monterrey, Nuevo León.

De acuerdo con la biografía de García Naranjo publicada en el portal en Internet “humanistas.org.mx”, el joven Nemesio viajó a la capital del país para continuar su formación académica e ingresó a la Escuela Nacional de Derecho.

Como poeta se dio a conocer, luego de recibir un premio, en unos juegos florales convocados por el Liceo Altamirano, por un poema de 10 sonetos, sobre temas del Quijote, el cual escribió en conmemoración del tercer centenario de la aparición de la primera parte de la novela cervantina, en 1906.

La formación académica era de gran importancia para el escritor mexicano, quien estudió historia e impartió cátedras en el Museo Nacional de Historia, bajo la dirección de Genaro García.

En 1909 concluyó sus estudios en abogacía y se desempeñó como profesor de historia de México en la Escuela Nacional Preparatoria.

Mientras que en su trayectoria política dio inicio con su nombramiento diputado al Congreso de la Unión en la XXV y XXVI Legislaturas, puesto al que le siguió el de subsecretario de Institución Publica 1913, y desde el cual pugnó por renovación de la enseñanza, que se inspiraba en la filosofía positivista de Augusto Comte.

Como periodista García Naranjo colaboró en numerosos periódicos y revistas de México y de países de habla española, y fundó el diario político “La Tribuna”, medio de comunicación donde adquirió fama de celebridad.

El abogado también se interesó por la literatura, lo que dio como resultado la publicación de: “Porfirio Díaz” (1913); “Simón Bolívar” (1931); “Discursos, prólogo de Querido Moheno” (1923); “El Quinto Evangelio” (1929); “Los nidos de antaño” (1955), y “Bajo el signo de Hidalgo” (1953).

Además hizo una incursión en la dramaturgia con “El vendedor de muñecas” (1933), que le ganó el aplauso de la crítica y del público.

Fue miembro del Ateneo de la Juventud y alcanzó a publicar poemas en la Revista Moderna de México.

Asimismo, ingresó a la Academia Mexicana el 22 de julio de 1925, fue designado miembro de número el 6 de julio de 1938 y pronunció su discurso de ingreso el 17 de enero de 1940.

El fin de una vida dedicada a la escritura, la política y la academia, llego el 21 de diciembre de 1962, día en que Nemesio García Naranjo murió a los 79 años de edad, en la Ciudad de México.

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