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ZULEIKA Y LA MAGIA DE LOS HUEVOS DE TORO

la magia de los huevos de toroZULEIKA Y LA MAGIA DE LOS HUEVOS DE TORO
PROLOGO
Esta obra escrita por la autora Edith Muñoz, quien es Ingeniero Agrónomo por la Universidad Autónoma Chapingo, y originaria del Estado de Durango, trata acerca de un personaje infantil el cual corresponde a una niña llamada Zuleika, persona introvertida originaria de un lugar del paisaje árido de nuestro México, lugar en donde se desarrolla y llevan a cabo estas vivencias infantiles de la década de los años 70`s.
En esta escrito llamado coloquialmente ” La magia de los Huevos de Toro ” se incorporan las vivencias del personaje principal “Zuleika”; donde la fantasía de una niña habitante del medio rural es capaz de expresarse con sus propias palabras, superando la ficción de la realidad imperante en su época en la cual vivió su niñez; dicho escrito que comparte es producto de su gran talento e imaginación y en la perspectiva en que lo escribe con un lenguaje sencillo y tomando en cuenta elementos de la región que la vio nacer y crecer hasta su adolescencia.
Forman parte importante en el cuento los animales del campo como es el caso de Zeus y Goliat, el primero un animal hermoso producto de la cruza de Toro Cebù-Nelore ejemplar de color bayo con joroba sombreada y el segundo de raza Brangus y de color negro, además de la vaca Brisia animal de gran nobleza.
En este libro se describen algunas actividades del medio rural, así como los demás personajes que tienen parentesco familiar con Zuleika como es el caso de sus abuelos, tíos y tías por el lado paterno y materno.
La autora de esta obra refleja la manera de pensar de Zuleika la cual en este escrito analiza y compara la nobleza de los animales con las personas con las que ella se relaciona incluyéndose a ella en su propia retrospectiva y óptica personal.
Carlos Flores Tapia.
Cuautla,Morelos a 17 de Agosto del 2012.
ZULEIKA Y LA MAGIA DE LOS HUEVOS DE TORO
INTRODUCCIÓN
Vamos a contar las aventuras de la niña Zuleika, una niña delgada, parecía espiga de trigo decían sus tías, de cara angelical con su pelo castaño hasta la cintura y unos ojos grandes medio verdes, que habitaba haya por los llanos de Durango, de tierras rojas como ladrillo recocido y otras blancas calizas, con sus nopaleras, garambullos y biznagas que dan chilitos silvestres y el tomatillo parecido al capulín, los dátiles de las palmeras del desierto los mezquites llenos de chanates, cuervos, tildíos y tostonas cantando en primavera cual maravilloso concierto, con su cielo limpio y claro donde vuelan las golondrinas, los chileros, los buitres y los elegantes cuervos un paisaje maravilloso donde Zuleika se siente feliz viendo saltar las liebres y correr a los asustados conejos y una que otra víbora enroscada en los gatuñales, ella se siente libre como todos los animales silvestres que viven a su
alrededor y no olvidemos el aullar de los coyotes por las noches que da miedo, porque lloran lastimosamente como si fueran niños. Todo esto rodeaba a Zuleika, en los llanos de Durango donde la mayoría de los niños mayores ayudan con las labores del hogar y con los animales. A Zuleika le encantaba más el trabajo con los animales que el trabajo monótono de la casa.
CAPITULO I
EL TORO ZEUS LLEGO A LA FAMILIA
Siendo aún muy niña Zuleika escasos cinco años, cuando su abuelo paterno compro un hermoso toro cruza de Cebú-Nelore para semental, un ejemplar bayo enorme sombreada su joroba, era un animal majestuoso que ya traía por nombre Zeus que contrastaba con el otro semental negro de la raza Brangus que poseía el abuelo y que por su bravura se llamaba Goliat, a este toro ni los vaqueros se le acercaban, aun cuando anduvieran a caballo. Ustedes pensaran y como una niña habla de razas de toros, pero eso es sencillo de dilucidar, la llegada de los toros para semental en la familia era un suceso grandioso y todos hablaban de las características del animal, era más extraordinaria la llegada de un toro semental que la llegada de un niño en esos tiempos que todas las parejas acostumbraban a tener muchos hijos y lo único que se comentaba era si era niña o niño.
Pero sigamos hablando del toro Zeus, que era otra cosa comparado con Goliat, su abuelo lo paseaba tranquilamente, en apariencia era un toro manso y una mañana el abuelo bañaba al toro cerca de la noria que estaba al centro del patio familiar, cuya casa principal era la del abuelo, y la noria ¡era de cuento! un pozo profundo con una covacha encima rodeado de duraznos, granadas, lirios y pericos era el jardín del patio familiar con una pileta al frente larga y alta donde no alcanzaran los chiquillos traviesos a ensuciar el agua, y era de ahí de esa pileta donde el abuelo estaba agarrando agua para bañar a Zeus.
La mayoría de los niños estaban en la primaria sólo la hebrita que solía ser Zuleika merodeaba por el patio, cuando vio la escena del baño matinal del majestuoso toro y se acerca a prudente distancia, en una esquina de la noria y como cualquier Caperucita comienza a cuestionar el porqué de tanta belleza ¡aquel hermoso toro dejándose querer! Y el ¡abuelo! Un hombre recio de campo bañando con la mágica y fresca agua al animal henchido de orgullo.
Y comienza Zuleika a preguntar:
¿Abuelito con que baña el toro?
__Con agua y jabón.
¿Abuelito porqué baña el toro?
__ ¡Ha para que lo quieran las vacas!
¿Por qué lo tienen que querer las vacas?
Sonríe socarrón el abuelo y contesta
__Para que tenga muchas novias y nosotros muchos becerritos.
Zuleika se queda un momento pensativa y vuelve a preguntar.
¿Abuelito y apoco los toros pueden tener muchas novias? Su abuelo sonríe y dice.
__Sí y más un toro como este.
El toro, cada que Zuleika pregunta voltea a verla y mueve la cabeza y a la vez voltea a ver agradecido aquel hombre que lo baña y lo cepilla.
Entonces Zuleika pregunta de nuevo extrañada con mil ideas dando vuelta en su cabeza.
¿Abuelo entonces las vacas también pueden tener muchos novios, toros?
El abuelo comienza a desesperarse con la Caperuza preguntona y entre que sonríe incomodo, piensa que mandar hacer a su caperuza nieta y a la vez se inclina para agarrar una cubeta de agua para refrescar a Zeus.
¡Y en un abrir y cerrar de ojos!, ¡Zeus se abalanza sobre Zuleika!, se escucha gritar a la tía Rufis.
¡Mamá! ¡Comadre! ¡La niña, la niña!
El abuelo le grita __ Zeus ¡quieto, quietooo!
Y corre agarrar la rienda del toro y Zuleika escucha más gritería, se ve volando sobre la cabeza del toro y de repente ¡ya no sabe más!, todo se volvió negro. Zuleika se desmayó, cuando recobró el conocimiento estaba sentada en una sillita con la cabeza sobre el regazo de su madre, escucho una algarabía no entendía que decían todos hablaban a la vez, abre los ojos y en el suelo están algodones empapados de sangre y mechones de pelo, se angustia pensando que ya la raparon, le habían dicho que le cortarían el pelo un día que estuviera dormida haber sí así embarnecía, la tía Rufis dice.
__Ya despertó la niña, lo bueno es que ya terminamos de curarla, antes de que despertara.
Y Zuleika se pregunta
¿Me cortaron todo el pelo?
Con sus manitas se tienta la cabeza y siente su pelo ¡hjhj! Suspira aliviada y se pregunta entonces que pasa, cuando escucha a su abuelita decir.
__ ¡Fue un milagro que el toro no la cornara!, la niña es tan delgadita, que quedo en medio de los dos cuernos y la descalabrada es porque la aventó contra las piedras, afortunadamente no paso a mayor, solo ay que cuidarla un tiempo para ver si el golpe no trae consecuencias.
¡Y entonces Zuleika! revivió y recordó todo como un remolino y se explicó porque estaba ahí, porque los mechones y la sangre, se enderezo y toco su curación una enorme gasa cubría su nuca cerca de la oreja izquierda suspiro y sonrió a todos los que estaban a su alrededor que la veían aun asustados con su hermosa carita llena de tierra y sangre y su larga cabellera pegajosa, todos correspondieron aliviados a la tierna sonrisa, y el recio abuelo al fin sonrió, prometió no volver a bañar a Zeus ni ningún animal cerca de los niños.
La cicatriz que marco la cabeza de Zuleika desde niña, no sólo marco su cráneo si no también su vida, porque con el golpe en el hemisferio izquierdo del cerebro, que es el hemisferio científico racional, del pensamiento formal, al momento de recibir el impacto por el golpe, hizo que se reconectaron todas las neuronas por los impulsos eléctricos que se entre conectan y hacen funcionar al cerebro, y comenzaron su danza parecía una Danza de luces haciendo funcionar la mayoría de las neuronas dentro del pequeño cerebro, __¡ Si alguien lo hubiera visto se maravillaría, era la llegada de los extraterrestres de la imaginación al cerebro de la niña! __ provocando una interconexión simultánea con el hemisferio derecho del cerebro. Hemisferio encargado de las emociones, ¡la imaginación en sí!, el lado artístico ¡Y, entonces! La imaginación de la niña Zuleika se desbordo, los colores y los olores se percibían con más fuerza y era extremadamente fácil para la niña soñar despierta en los castillos y hadas y todo lo que ella quisiera su imaginación no tenía fronteras. Afortunadamente como el golpe fue en el hemisferio científico, esto no permitió que su pequeña mente se saliera de la realidad, a partir de entonces aun cuando sus emociones y su imaginación eran intensas, el lado científico gobernaba su corazón y su cerebro lo que la hizo una niña diferente, se podía pasar horas días leyendo, mirando
las nubes los pájaros incluso por ahí de las nueve diez de la mañana se tiraba en el suelo y se ponía a ver directamente al sol, ella sabe que el sol esa bola de luz amarilla si te le quedas viendo va cambiando de rojo naranja hasta que se vuelve solo un disco negro rodeado de un haz de luz azul y aun cuando le lloraran los ojos, ella tenía que ver que había en el centro del sol (en esos tiempos a aun no se escuchaba que hace daño ver al sol directamente) y así tirada solitaria escuchando los sonidos de la naturaleza e inventando sus propios cuentos comenzó a vivir Zuleika su nueva vida de realidad envuelta en una ensoñación que le permitió disfrutar de su niñez en el campo.
Pero Zuleika aprendió la lección y a partir de entonces, poco preguntaba casi no hablaba, todo trataba de investigarlo por sí misma, ese trauma lo supero ya cuando pasaba los veinte años, que se destrabo la caperuza cautiva dentro del corazón de la niña Zuleika.
Pero desde entonces quizás un poco por la interconexión de hemisferios cerebrales y recordando que Zeus con la mirada le aviso, que lo estaba molestando y que la atacaría por que le estaba robando parte de la atención del abuelo. _¡los animales también sienten!_ Zuleika se volvió más observadora. Y podía leer los pensamientos de los demás solo viendo sus ojos, y por esa razón siempre que tenía un pedazo de papel y un lápiz terminaba pintando ojos pintara lo que pintara siempre pintaba al menos un ojo, también
Comenzó a ver que los animales y en especial las vacas y los toros tienen cara de gente algo extraordinario sabiendo que en la India la vaca es un animal sagrado y que representa las rencarnaciones de seres extraordinarios… ¡pero! Zuleika pensaba las personas que yo veo en los animales aún no han muerto……. ¿Entonces como rencarnaron?…………..
CAPITULO II
RENCARNACIÓN EN UN ANIMAL SAGRADO, LA VACA
Zuleika comenzó a ver que las vacas y los toros tienen cara de gente, ya por los ocho o nueve años que Zuleika leía algo de literatura hindú que hablaban de las vidas pasadas _un libro de cuentos que dejo olvidado alguno de sus tíos y que hablaba de la rencarnación_ Y que decía que según tu comportamiento y nobleza podías rencarnar en un animal, sí tu espíritu había evolucionado en un ser humano con una calidad de vida privilegiada que incluso si tú evolución espiritual alcanzaba la perfección podías pasar a una dimensión más evolucionada que de acuerdo a la religión católica, era pasar a formar parte de la grey de los ángeles. Pero regresando a Nómar lugar donde vivía Zuleika y al mundo vacuno, sí la rencarnación era en vaca es que te habías portado bien porque para los hindús la vaca es un animal sagrado.
Y la niña Zuleika pensaba, ¡Ah, por eso las vacas y los toros tienen cara de gente!
Pero a la vez se preguntaba
¿Pero los que yo veo aún no han muerto?
Y pensaba entonces son buenas personas por ese es que viven dos vidas al mismo tiempo; ¡la humana y la animal! y pensando esto desarrollo gusto por observar a las vacas por las tardes, cuando regresaban de pastar de los campos a donde las había llevado el vaquero a pasear. En el pueblo se tenía la costumbre de que por las mañanas todas las familias que tenían vacas, se las llevaban a las ocho de la mañana al vaquero para que las llevara a pastar y regresaba con ellas a las seis de la tarde, todas las vacas como si fuera desfile se pasaban por la calle principal y cada una se
iba a su casa solita sin ninguna guía, las de la familia de Zuleika se iban al potrero familiar pero por la tarde se integraban a las que llegaban con el vaquero, es curioso parecía que traían un reloj y localizador biológico integrado. Era hermoso ver aquél desfile de vacas y toros con su vaivén unos tranquilos, otros cabeceando, otros resoplando o en celo, pero todos al mismo ritmo, en verdad era un desfile.
Y en este desfile, Zuleika buscaba a la gente del pueblo porque según ella tenían la fortuna de vivir dos vidas a la vez, y era sinónimo de que eran buenas personas.
Y comenzaba a verlas desfilar sentada en el dintel de la casa, las vacas enmarcadas en las luces de los hermosos atardeceres de cuentos de hadas que exaltado por el polvo que los animales levantaban al pasar, volvía más irreal la escena y fácil de ver en los animales rostros de personas.
Algunas veces salía su madre y le decía.
__Zuleika vete a jugar con los demás niños que haces aquí.
La niña no contestaba, sólo feliz le decía a su madre
¡Mire, Mire ahí va Brisia!
Brisia era una vaca Shorthon entre amarilla y café, de caminar cansado, de gruesas carnes con unos ojos saltones, cara sufrida, destilaba nobleza el animal que representaba a la sobrina de su abuelita materna, mujer trabajadora y buena persona que resoplaba al caminar cansada con sus ojos saltones su pelo era entre amarillo y café y una que otra cana. ¡Sera en verdad Brisia, pensaba la niña! A la vez que Zuleika decía.
__ ¡Acá viene mi tío Antonio! ¡Mire mamá mire!
Un toro amarillo con la frente blanca, raza Charolais, era un toro serio elegante al caminar, parecía el sabio de la manada, mirada tranquila que al verlo trasmitía paz, y el representaba al tío Antonio, señor tranquilo, elegante y sabio que le gustaba que Zuleika lo saludara porque era la única niña que le saludaba de beso como a su abuelo, Un día Zuleika jugeteando lo confundió con su abuelo y lo saludo de beso en la mejilla y su esposa María le dijo a la niña que le siguiera saludando así porque al tío le había parecido algo muy tierno y lo había hecho sentir bien, porque no tenía esas manifestaciones de cariño de ninguno de sus hijos, ni sus nietos le saludaban así, él era hermano mayor del abuelo paterno de Zuleika.
Al tío Antonio le gustaba contar historias cuando por las tardes se juntaban en su banca donde despedían el día con la tibieza del atardecer todos los hombres para comentar los resultados del trabajo del día, se prestaba también para platicas de toda índole como cuando el tío Antonio contaba que él había estado en la toma de Zacatecas con su general ¡Pancho Villa! en su adolescencia, él había visto correr la sangre como si fuera ríos por las empinadas calles de Zacatecas y que eso no salía en ningún libro de historia. Sus hermanos entre ellos el abuelo de Zuleika se reían y le decían.
__Si Toño y de seguro cuando decían al ataque tú eras el de los de atrás que ayudaba a las mujeres a cargar las cacerolas, y cuando gritaban retirada tú eras de los primeros en correr.
Todos reían, pero el tío Antonio no se amilanaba el seguía con sus historias.
Pero regresemos a Zuleika y su mamá que entre molesta y curiosa se quedaba callada viendo lo que su hija le decía.
__ ¡Ahí van mis tíos David y Alejandro!
¡Extraño pero los tres hombres eran tíos abuelos de la niña! Antonio y David hermanos de su abuelo paterno y Alejandro hermano de su abuelo materno. Los toros que representaban a estos últimos era un negro y un color azabache, de andar orgullosos, algo nerviosos, inteligentes tenían
porte de señorío pero mirar esquivo, el tío Alejandro de Zuleika era moreno y el tío David güero tostado por el sol personas muy seguras de sí mismas, hombres de mucha personalidad y aun cuando eran ya hombres maduros, se conservaban guapos. Y de ahí que Zuleika decretara quienes eran los buenos del pueblo, y lo mejor de todo ¡esas buenas personas estaban en su familia!
Su madre fingía enojo y le decía.
_ ¡Zuleika le estas faltando el respeto a la gente!
Y la niña le contestaba.
_No, según los hindús estarían honrados de haber rencarnado en una vaca. ¿Quiere que le busque la suya?
Le decía la niña con toda candidez y segura de lo que estaba diciendo, a lo que su madre le contesta entre molesta y riendo.
_Estás loca Zuleika, y ¿Cuál eres tú?
A lo que la niña le contesta entre risas al ver la cara de desconcierto de su madre.
__ ¡Mire esa becerrita traviesa y ese becerrito con cara de inteligente, entre cualquiera de esos soy yo! Nada más por la pura estampa. Pero deje que crezcamos los tres y ahí usted vera cual soy. Dijo la niña.
Su madre ya desesperada la deja sola viendo su mundo de rencarnaciones en vacas y le dice.
_ Ya deja de estar inventando. ¡Y a ver que te pones hacer!
Y Zuleika se ponía a jugar o a trabajar pero siempre con la mente entre castillos con hermosos jardines, dragones y hadas, uno que otro sapo que se volvía príncipe. En medio de la realidad de Nómar un pueblo agreste de los llanos de Durango.
Un día por la mañana la niña sintió un pinchazo en el corazón al ver una parvada de cuervos volar en círculo alejándose al infinito, le dolía pero no era un dolor físico si no un dolor del alma un dolor frio interno, se puso a pensar que le pasaba y la conclusión que le llego también desde el corazón, es que alguien iba a morir, era una certeza y comenzó a pensar en todos los posibles candidatos comenzando por su abuelo, pasando por sus padres todo los familiares y terminando en ella. Fue un sufrir para Zuleika pensar en cada uno de los miembros de su extensa familia, y la conclusión era que se podían morir los más ancianos o los niños pero ninguno de los pilares de las diferentes familias porque eran muchos los niños o sus propios hermanos que podían quedar huérfanos, concluyo después de sufrir por cada uno que lo mejor es que ella se muriera y no sus padres o sus hermanos o sus tíos y menos sus abuelos que eran los cimientos de su familia, estando Zuleika sumida en sus tristes pensamientos entro y le dijo a su madre.
__Le aviso que alguien de la familia va a morir, no sé quién pero ya llego a su raya como dijo mi abuelito.
Su madre entre preocupada, asustada y sonriendo le contesto.
__Zuleika no inventes, tú y tu imaginación.
La niña sonrío algo triste mejor que su mamá no le creyera por que sufriría lo que ella sentía en ese momento, ese dolor clavado en el pecho y que no dejaba respirar.
En eso entro una de sus tías, preguntando tristemente.
__Comadre tiene azucenas que me regale, mi tío Antonio acaba de fallecer exactamente a las once de la mañana, y tenemos que ponerle flores y usted siempre tiene muchas azucenas en su jardín.
¡Zuleika y su madre cruzaron miradas! Era cierto lo que la niña le había dicho a su madre. Zuleika suspiro aliviada se había llegado la raya del tío Antonio, extraño en su recuento en todos pensó
menos en él, que por lógica era el mayor y ya estaba algo enfermo y su corazón se paró cansado ya de funcionar tantos años, era triste que el tío se fuera pero todos sus hijos ya eran gente adulta ya podían sobrevivir sin su presencia.
Debido a los preparativos para la despedida del tío Antonio, ese día Zuleika no estuvo al pendiente del desfile vacuno al atardecer, porque si lo hubiera hecho se habría dado cuenta que el toro que representaba a su Tío Antonio no regreso. También murió ese día le pico una víbora.
CAPITULO III
LA MAGIA DE LOS HUEVOS DE TORO
Pero la magia con los animales no solo eran las rencarnaciones de los habitantes del pueblo y en especial de su familia sino las actividades mágicas que se vivían gracias a los animales; cada año en la familia paterna de Zuleika existía el ritual de herrar a los animales, vacas, toros, caballos y mulas. También aprovechaban para bañarlos para evitar el ataque del gusano barrenador.
El día señalado desde la madrugada comenzaban las actividades de toda la familia incluidos los vaqueros, era un pelotón de unos treinta hombres, entre el abuelo sus hijos, los tíos, primos y los vaqueros y además toda la chiquillada brincando alrededor.
El ritual comenzaba cuando los vaqueros y la mitad de los hombres se iban al potrero a traer todas las vacas y demás animales, la otra mitad se quedaba preparando los corrales, arrimando pastura y agua y todos los utensilios para herrar, en un corralón de cuarenta por cuarenta metros cuadrados donde encerraban a los animales que se herrarían y en otro corral más chico a las vacas que tenían crías pequeñas, todo esto era a mediados de la primavera y para todo este ajetreo se necesitaban aguadores y mandaderos cuyo trabajo les tocaba desempeñar a los niños.
Ustedes han de decir que con la experiencia que tuvo Zuleika con Zeus no se acercaría nunca más a las vacas y menos a los toros. ¡Pero no! Para ella era preferible morder su miedo e ir andar llevando el té frio de yerbaniz, de hipazote bebidas exóticas de la región con un sabor y aroma exquisito y la infaltable agua de limón.
¡Todo era adrenalina pura!, ¡EMOCIÓN! entre los gritos, el correr de hombres y animales, que comparación con estar lavando trastes o de niñera, y ahí anda Zuleika junto con los demás niños, primos y hermanos acarreando jarras de agua y todo lo que fuera necesario para llevar acabo la herrada, sentaditos unos otros parados pero todos contentos desde el rincón del corral que les designaban como trinchera los niños por turnos llevaban la jarra y vasos de agua cuando la pedían. Y cuando le tocaba el turno Zuleika ay va volando o ella así lo sentía por el miedo que la embargaba y que hacía que sintiera de hilo sus delgadas piernas, pero cumplía toda sudorosa y regresaba más rápido que cuando iba con la jarra llena de agua y sí se podía le cedía encantada su turno a quien lo quisiera.
En esos momentos de temor pensaba que bueno sería que apareciera un Pegaso negro la llevara y trajera volando sobre los animales ¡HUMM! __Pero eso no era posible entre tanta gente los Pégasos no aparecen __ Así que lo único que anhelaba en ese momento era sentir ya la mano que la halara para subir la barda y suspirar aliviada fuera del alcance de cualquier toro o vaca.
Todo este marasmo de actividades y ajetreo para Zuleika tenían una belleza extraña, un sentirse viva viendo a los hombres fuertes, gritando haciendo gala de sus destrezas y habilidades con la reata tumbando animales mansos y bravos, ver la fogata de donde salía el hierro al rojo vivo.
Se dividían en cuadrillas, tres para lazar y tumbar los animales y una para mantener vivo el fuego y herrar los animales que corrían, bramaban y berreaban al sentir el candente hierro. El olor a sudor, tierra, carne y pelo vacuno quemado y todo a la luz de un brillante sol armonizado por el canto de los cuervos pecho amarillo sobre los árboles de mezquite y el polvo anaranjado que levantaban tanto animales como hombres que entre gritos trabajaban.
Y los chiquillos en un rincón, admirados y azorados custodiando el agua que volvía a la realidad, ¡Aquella jauría de salvajes!
A los ojos de Zuleika herrar era torturar a los animales. Ella pensaba que debían buscar otra forma de marcarlos para que no les provocaran sufrimiento. También pensaba que ella no debía estar ahí, padeciendo al ver como marcaban a los torillos y vaquillas siendo cómplice de semejante aberración de los humanos… ¡Pero no se iba!
__ “El embrujo para ella no terminaba hasta que se metía el sol” __
De todo ese rito arcano salía una enorme cubeta de huevos de toro porque a la vez que herraban castraban a los torillos para engorda, la chiquillería decía ¡Huácala! yo que voy a comer eso ¡Hjk! ¡Hjk! Y escupían al suelo como si en verdad ya tuvieran en sus bocas algún pedazo de aquella carne aun palpitante y caliente.
Zuleika por curiosidad de conocer los huevos de toro ya sin piel se acercó a la cubeta repleta de los testículos de los pobres toros, y vio aquella carne entre rosa y morada y un sinfín de venas rojas, moradas y rosas. Y le dio escalofrió cuando el abuelo dijo.
__Llévenselos a Grecia para que los prepare.
La tía Grecia hermana del padre de Zuleika, la más bella de sus tías; morena de facciones finas, con un aire de señorío al caminar con su esbelta figura, su brillante pelo negro que hacían brillar sus grandes y bellos ojos.
Zuleika dijo para sus adentros.
__ “Yo de eso no como”.
Pensó “pobres animales a ver que sentirían los hombres, sí los castraran” y en eso vio como entre dos de sus primos se llevaban la enorme cubeta para con la tía Grecia.
La faena termino y con ella el embrujo. Todo mundo exhausto y contento se fue a su casa, la chiquillería por último se encargó de llevar las jarras, reatas y todo lo que ellos podían a la casa de la abuela, todos aterrados sudorosos pero contentos de haber comido las ricas gorditas que la abuela mando para la jornada. Pero tanta adrenalina provoca hambre así que cada quien va a su casa a ver que les preparo a cada uno su madre todos llenos de polvo sintiendo la frescura de la tarde.
Cuando Zuleika llego a su casa, su padre ya estaba sentado a la mesa cenando un sabroso plato de carne en salsa verde picosita ¡HUM! Se veía rico a lo que Zuleika pregunto.
__ ¿Qué es?
Y le contesta su madre
__Tú tía Grecia le mando su parte a tu papá, de los huevos de toro ¿Quieres?
Zuleika recordó la cubeta repleta de testículos y quiso decir que no, pero también al momento recordó que la tía Grecia cocinaba como los verdaderos ángeles, hacía poco había comido en la casa de su tía conejo en esa salsa verde, que se le olvido la cubeta llena de formas viscosas de color
rosado y solo pensó en lo sabroso que sabía el conejo e hizo que Zuleika se chupara los dedos recordando como saboreaba cada pedazo de conejo en salsa con tortilla que las melindreases quedaron atrás.
Y su madre le sirvió su buena ración de aquel suculento platillo, ¡huf! ¡Shsh! Con tortilla calientita tostadita al comal. Que delicia, que exquisitez jamás Zuleika volvió a probar ¡nunca más! un manjar como aquel preparado por la tía Grecia.
¡Ah! Ustedes se han de preguntar porque Zuleika los llama huevos de toro y no testículos o creadillas, ¡porque! Ha es que con el tiempo descubrió que la tía Gracia era la Wica de la familia, mejor conocida en la niñez de Zuleika como la bruja blanca y que su platillo cerraba el ritual arcano de generaciones que se repetía cada año al herrar y castrar a los toros, La bruja blanca de la familia preparaba con sus recetas secretas los huevos de toro. Magia que servía para mantener la unión entre sus integrantes, la fuerza para superar obstáculos como familia, para atraer la abundancia e intimidar al enemigo.
De manera particular en cada jefe de familia ayudaba para para incrementar la claridad mental, el valor, la bravura, la fuerza atraer la suerte y sobre todo el poder de controlar los miedos para volverlos más cabales y magnánimos.
Para dicha preparación de tan suculento platillo, la tía Grecia con antelación velaba los ingredientes en luna llena, que consistía en dejar en una charola de barro a la luz de la luna llena los ingredientes, los chiles verdes, ajo macho, cebolla y más polvos que ella le ponía, que nunca supo Zuleika que eran, todo lo cocinaba en un cazo de cobre, cucharon de madera y con un fogón de tres piedras que ardía con excremento seco de ganado vacuno mejor conocido en la región como boñiga. Al final le ponía unas gotas de esencia hombre cabal que también preparaba la tía Grecia y agua bendita traída de Fresnillo Zacatecas del Santuario de Plateros dedicado al Santo Niño de Atocha, también conocido en la santería como Eleggua Orisha __encargado de la protección primera dueño de los caminos y puertas del mundo __ del cual su abuelo era devoto sin ser un católico practicante y que hasta el día de su muerte lo llamo y le dio cuanto pidió menos rebasar la raya de su vida.
Se han de preguntar porque no les doy el nombre del abuelo de Zuleika, no se los doy porque no encontré un nombre que encerrara la fe en el Santo Niño, en la vida además de la fuerza y la magia que sus rituales arcanos le daban al nombre que el poseía, hoy en su estirpe algunos llevan su nombre pero aun no conocen la fe ni el poder que él abuelo tenía y aun solo son parte de su descendencia que llevan el nombre de su abuelo o bisabuelo.
Dejemos al abuelo y veamos que paso con Zuleika.
Ella después se enteraría que los huevos de toro son un ingrediente extremadamente codiciado por los atletas de alto rendimiento en EEUU, porque prestigiosos investigadores descubrieron todo lo que ya la tía Grecia sabia, además que incrementan el rendimiento corporal y que ya desde los tiempos de Fernando el Católico los comía para mantenerse sano y vigoroso. Y utilizar el excremento de ganado vacuno como combustible también tenía sentido porque tiene propiedades especiales que alivian el estrés, al apaciguar el espíritu que permitía mantener en calma las energías cósmicas recibidas por la ingesta de los huevos de toro. Porque la tía Grecia al quemar la boñiga combinada con la energía del hermoso cazo de cobre _para nunca estar pobre_ lo acompañaba para un mejor olor con esencia de sangre de dragón para alejar las energías negativas.
¡Y he aquí! Nuevamente el problema para el cerebro de Zuleika, ya de por si estaba exaltada su imaginación a causa de la cicatriz de su descalabrada que le dejo de recuerdo Zeus y ahora comía
comida mágica, porque su madre no creía en eso de la magia y que solo los hombres deben de comerla, debido a que recibió su educación en un colegio de monjas donde les dicen que todo lo que es astrología, magia y santería no debían de creer, porque era pura superchería. “A que la mamá de Zuleika sé perdió el conocer otras dimensiones” Que iba a creer ella que las exquisiteces traían energías cósmicas como decían los familiares de su esposo y menos que la tía Grecia las manejaba ¡Y su padre! pensando que no pasaría nada si la niña comía por una vez, aquella comida mágica destinada para él, porque ni a los chiquillos les daban hasta que tenían la fuerza para herrar al primer animal, y Zuleika era una niña ¿Qué podía pasar si comía los huevos mágicos en la salsa verde?. ¡Nada! Pensó su padre.
¡Santo, Dios! Sí alguien hubiera visto como el cerebro de Zuleika comenzó en un frenesí de impulsos eléctricos entre neurona y neurona, intensificado por las vitaminas que le daban diariamente a causa de su delgadez, perlas rojas con hígado de tiburón, un vino medicinal llamado compledoce o el hemostil la niña comenzó a percibir los olores y colores de manera más intensa, acudían a su mente imágenes pensamientos irreales se quedó más calladita de lo habitual saboreando su delicioso manjar, que con los sentidos exaltados nunca más probaría otro de sabor sin igual. Se habrían asustado de ver la ebullición de su cerebro, que contrastando con la pequeña luz del quinqué, su cerebro despedía una luz azul intensa. Pero si su madre no creía en semejantes cosas y su padre ya cansado de la faena que atención iban a poner en la chiquilla que estaba en una especie de ensueño, todo se volvió más claro el pensamiento, la imaginación se amplió, pudo entender el razonamiento de los hombres, se volvió un ser más racional.
Después de esto muchas ocasiones Zuleika se preguntaba.
¿Por qué, no puedo ser inconsciente y hacer las cosas nada más porque se me da la gana?
¿Por qué no puedo ser como las demás mujeres? Y decir.
¡Lo hice por amor!
¡Me equivoque, lo que sentía no me dejo pensar!
No ella ya no podía ser así, su razonamiento cambio como ella Zuleika iba a atentar contra su propia persona, o hacer algo que afectase a su familia.
Su madre, sus primas, hermanas y amigas decían que estaba Lucas, que era calculadora, fría y muchas tonterías más, como que no sabía querer. Que sabían ellas de las emociones y sentimientos intensos que la niña albergaba bajo la apariencia de una niña tímida.
Pero a Zuleika le daban risa las puyas, y no hacía caso a los comentarios mordaces de su madre hermana sus primas y amigas, ella tenía su propio mundo y muchos lugares mentales que visitar y muchos libros que leer que incrementaban su imaginación. Que importaba que siguieran hablando, incluso les decía cosas para hacerlas enojar más. Y ya solo comentaban en tono burlón tu vienes de otro planeta. A lo que Zuleika contestaba.
__Sí yo vengo de Marte siempre sonriendo.
Pero a la vez les preguntaba
__¿Y ustedes, de dónde vienen?
Hoy que estoy terminando de escribir esta parte de la historia de la niña Zuleika en los parajes de los llanos de Durango. A la tres de la tarde muy lejos de la tierra de esa niña extraña. Mientras escribía en el ordenador, entro una libélula anduvo como Juan por su casa, hasta que le abrí la puerta para que se fuera. Que extraño las libélulas por aquí no son muy comunes, recordemos que a Zuleika le encantaba ver el baile de los caballitos del diablo en el arroyo de su pueblo, se podía
pasar horas viéndolos en su deslumbrante belleza y colorido, pero lo más sorprendente es que el que revoloteaba por toda la casa era de color azul como la imaginación exaltada de Zuleika.
¿Será que llegó algo de aquella magia familiar que Zuleika nos permitió conocer?
CAPITULO IV
LA JUSTICIA DE LA VACA
Una mañana fresca y soleada de vacaciones de verano, Zuleika se disponía a llevar a las vacas al potrero, cuando llego su prima “Cory” que es una niña inteligente, bella, morena, chaparrita, pizpireta de pelo corto tiene un hoyito en la barba su modo extrovertido la hacían agradable a cualquiera, su nombre la pintaba tal cual, todo lo contrario de Zuleika que es más alta seria y callada de pelo largo, blanca y con la barba partida y unos ojos grandes, por su desarrollada intuición ella al contrario es introvertida pero su inteligencia y belleza siempre le ayudaron a salir adelante con la gente que la trataba con respeto, sin aspavientos.
Zuleika prefería estar sola con sus sueños, con las hadas y las mariposas que dejaban polvo de oro al volar, polvo que con el sol se volvía un hermoso arco iris camino para viajar a los mundos de ensueño.
Esa mañana Zuleika sonrió al ver llegar a su prima “Pero” ¡Cory no vino a jugar con su prima y amiga de juegos! ella vino a presumirle su hermosa capa que le tejió su hermana mayor Katé, es una capa gris plateada como la de caperucita roja, pero más bella, Cory siempre tuvo una secreta competencia con Zuleika aunque eran como hermanas, amigas aparte de primas siempre andaban juntas y tenían la misma edad nueve años, pero ella siempre quería ser la mejor, aun cuando ella era él salero donde quiera que llegaban por su gracia y extroversión. Y en esa ocasión ella tenía algo que su prima nunca tendría, por qué no tenía hermanas mayores y Zuleika no sabía tejer, y como era tímida no le pediría a Katé que le tejiera una, así que Cory se ¡paseo y contoneo! con la capa como modelo e iba y venía dando vueltas con su capa de cuento de hadas, por el corral donde Zuleika andaba arreando las vacas, la niña para disimular su tristeza invito a Cory a llevar las vacas al potrero, a lo que la prima acepto gustosa, “no por el paseo”, sino porque saborearía por un rato más su triunfo de pavonearse con su capa, __¡aunque fuera entre las vacas! __que también sabrían que le había ganado a Zuleika ese día ella era la reina del cuento.
Y ahí andan las dos en los corrales, apartando los becerros de las vacas y como Cory no quería ensuciar su capa dijo.
Yo abro la puerta del corral y tú las arreas.
Era una puerta de madera liviana, que se cerraba y había que detener y eso hizo la niña Cory de escasos nueve años, salieron todas las vacas nada más quedaba una vaca joven colorada pero mansa que no quería dejar a su becerro y “lo lambía y lo lambía” era su primera cría. La vaca se llamaba Chirriquis además la vaca se entendía muy bien con Zuleika que había aprendido a leer su mirada desde que el toro Zeus la cornara la calmo acariciándola y diciéndole no te preocupes vete a pasear, a comer con las demás vacas que tú hija estará bien y arreo la vaca que comenzó con su cadencioso caminar rumbo a la puerta, y todo iba bien hasta que al pasar al lado de Cory sin explicación y de imprevisto cabeceo vigorosamente y para asombro de las niñas.
¡Paz la pescó, de la hermosa capa!
Y a volar por los aires como si estuviera jugando con una muñeca, el miedo de las niñas fue escalofriante les dolían los huesos, sudaban frío, y sus bocas estaban secas, los ojos tremendamente abiertos ante el temor de que en un cabeceo le encajara sus cuernos a Cory, que a la vez le gritaba a Zuleika aterrorizada volando por los aires de un lado para otro.¡Los cuernos de la Chirriquis estaban ganchados en la capa!
¡Ayúdame!, ¡bájame!, ¡me va a matar!
Y las dos estaban pálidas y sudorosas con escalofrió y Cory se comenzó a poner morada por que la vaca la estaba ahorcando. Zuleika terriblemente asustada y con desesperación le gritaba a Cory.
¡Desabróchate el botón!
¡Desabróchate el botón del cuello!
Pero Cory paralizada por el movimiento de un lado para otro y el temor no podía, solo atinaba a jalar el cuello de la capa para que no le apretara más y con miedo y todo Zuleika le hablaba a la vaca para que se calmara y a su prima le decía
__No te desesperes, ahora te bajo.
¿Cómo? ella no sabía cómo, pero tenía que bajar a su prima de los cuernos de la vaca. Zuleika no sabe de dónde saco valor, fuerza y estatura para alzarse, esquivar los cuernos de la vaca y desabrochar los dos botones y cuando lo logro aun a pesar del cabeceo de la vaca Cory cayó al suelo como si volara de en medio de la capa extendida, estaba a salvo pero la vaca seguía cabeceando con la capa entre los cuernos y su prima le gritaba enojada y asustada.
__ ¡Quítasela Zuleika! que ¡Va a romper la capa!
La niña pensaba cual que la va romper si ya está rota. Zuleika no podía porque sin el peso de Cory el cabeceo era más veloz y peligroso, la vaca estaba desesperada con la capa enredada en sus cuernos no veía.
En eso Zuleika volteo al suelo y vio una vara que rápidamente tomo y con eso después de varios intentos y ya casi sin fuerzas desgancho la capa de los cuernos de la Chirrikis, ¡Que entonces si se fue muy campante! corriendo a alcanzar a las otras vacas, Zuleika al fin suspiro aliviada, gracias a Dios no pasó nada grave y sacudió el rastrojo y basura de la capa y se la entregó a Cory, la capa tenía dos hoyos, ya no tenía remedio.
¡En un abrir y cerrar de ojos! la extraordinaria capa que volvía princesas a las niñas dejo de existir era un hilacho.
Cory todavía pálida del susto tomo su hilacho y miro furiosa a Zuleika que estaba trasparente y sin habla y le recrimino.
__De seguro tú aconsejaste a la vaca para que destruyera mi capa mágica.
Le dijo un sin fin de improperios y se marchó prometiendo no hablarle nunca más. Zuleika solo atinó a decir aun asustada.
__Esta loca yo no le dije nada a la vaca, si es por la capa. Katé te hace otra, lo bueno es que no pasó nada que lamentar ¿Qué más da la capa? Date cuenta la vaca nos pudo haber cornado a cualquiera de las dos o sacarnos un ojo ¡Sí te quieres ir vete!
Zuleika se quedó sola terminando su trabajo y en el trayecto al potrero pensaba y suspiraba, sintiendo la fresca brisa de la mañana que le volvía la paz a su espíritu después de tan difíciles momentos que acababan de pasar mientras caminaba.
¡Cory está loca! ¿Cómo le iba a decir yo a la vaca que nos metiera tan tremendo susto? y volvió a suspirar aliviada de que no les hubiera pasado nada. Y pensó que a su prima se le pasaría el enojo y
al rato estarían jugando de nuevo, como pasaba siempre después de alguna discusión. Paso el tiempo y Cory volvió a hablarle a Zuleika.
La niña se enteró después él porque de la molestia de Cory con ella, era un mal de amores en su grupo de la escuela primaria había entrado un niño nuevo llamado Adruval, un niño alto delgado de finas facciones inteligente que caminaba un poco como la pantera rosa el pelo negro ensortijado, el cual se ganó su corazón, pero como era de pícara y traviesa Cory siempre hizo negocio a expensas de su prima Zuleika, diciéndoles a los niños que le gustaban a Zuleika o que les mandaba saludos; entre ellos el maldoso del salón, llamado Changuel un niño de mediana estatura travieso y grosero que las molestaba y con el cual peleaban porque pasaba corriendo y les jalaba las trenzas y ellas les respondían con patadas y pellizcos y él les decía una retahíla de groserías, ¡pero ustedes no crean que Zuleika y Cory! eran unas indefensas niñas no ellas eran mujeres intrépidas y no se detenían ante un niño maldoso entre las dos lo tundían y salían corriendo además que para ganarle al vocabulario grosero del niño ellas muy instruidas en la materia de insultar y para poder ganarle a Changuel en un cuaderno comenzaron a recopilar groserías en verso ¡ha! Y en ingles pero las más divertidas que escribieron y le cantaban no solo a Changuel si no a cualquiera de sus compañeritos con los cuales peleaban y eran unas como estas.
__”Máquina, máquina de coser dijo el enano chinga tu madre, chinga la tuya y estamos a mano”
Otra de las más socorridas era.
“Chicle motita chicle bombón chinga a tu madre pinche cabrón”
Y una más
“Sapo perro lagartijo puto el que me dijo”
¡Ustedes no lo han de creer! Pero si servían semejantes insultos en verso para mantener a raya tanto a niñas o niños que quisieran meterse con ellas ya no tenían que liarse a golpes, que por sus características físicas de las dos tenían todas las de perder.
Pero Cory desde niña veía donde hacer negocio y conociendo la debilidad de los niños por Zuleika y la timidez de ella, pensó que su prima nunca sabría que hacia negocio a sus espaldas y con un simple te manda saludos Zuleika, o le gustas ella tenía como recompensa naranjas partidas con chile piquín, uno que otro chocolate y si bien se podía una deliciosa paleta helada como un prendedor en forma de tarántula con muchas piedritas de colore y aparte con eso mantenía a raya al Changuel que en vez de agredirlas se volvía un dulce cordero que le cargaba la mochila a Cory a cambio de que le saludara a Zuleika.
Pero el problema fue la llegada de Adruval a ella le gustaba y el día que el niño le dijo salúdame a tú prima ella sintió el pinchazo de los celos y por eso cuando tuvo su capa, fue a vengarse de Zuleika pensando que le había quitado el amor del niño, no se acordaba que ella había creado ese juego de hacer negocio y que se le revirtió cuando hubo quien le gustara.
Lo que Cory no sabía es que a Zuleika no le gustaba Adruval, menos Changuel, ninguno de los dos tenían lo que ella buscaba un príncipe como el de la bella durmiente, alguien osado y de carácter para vencer adversidades y ¡lo más parecido a un príncipe! por su corte de pelo de príncipe valiente era otro niño de la escuela que estaba dos años antes que ellas, pero él ni cuenta, así como Adruval no sabía que era pretendido por Cory
¡Ah! ¡Amores secretos de niños!
Pasaron los años tanto Zuleika como Cory al estilo de los pistoleros del oeste, un día se pusieron de espaldas una a la otra y comenzaron a caminar hacia destinos opuestos para enfrentar el duelo de lo
que sería sus vidas se volvieron madres, se casaron con personas que nunca figuraron en su niñez y que nada tenían que ver con los amores y celos de aquel entonces, la vida las dirigió a destinos diferentes Zuleika hacia el centro del país y Cory hacia el norte, pero un día Cory fue a visitar a su prima acompañada de su esposo y de sus niños y entre risas y carcajadas recordando su niñez le dijo a Zuleika.
__Me lo merecía porque yo si te quería molestar y lo hice con toda intención al irte a buscar para presumir mi capa, yo estaba feliz de estrenarla pero era más feliz si te molestaba para desquitarme que Adruval te mando saludos. ¡Nunca pensé que la vaca te hiciera justicia!
Zuleika riendo le dijo a Cory.
__No cabe duda que estabas medio chiflada, primero por celosa perdiste tu negocio, que yo ni cuenta, sí en vez de enojarte le dices a Adruval que a mí me caía gordo te lo ganabas tú y segundo, que la vaca me vengo, ¡Pues linda venganza! Ya ni friegas el susto estuvo terrible y ni quien se diera cuenta, todavía me acuerdo y me da escalofrió.
__Explicame tú porque no gritamos para pedir ayuda, por miedo o por que no hubo tiempo de pensar.
__Tú y tus loqueras del negocio a mis costillas y yo elevada en los libros siguiendo el consejo de nuestro abuelo que decía:
__Que el mejor amigo del ser humano es un libro, él nunca te engaña ni te abandona siempre te espera donde lo dejas y porque el que mucho lee y mucho anda mucho sabe.
Aun siendo niña Zuleika se tejió su capa roja con blanco (una tía la enseño a tejer) no tan bella como aquella que destruyo la vaca pero era producto de sus manos y por ese solo hecho era una capa única, construida con la magia de sus manos y con esa hambre de saber, siguió día a día aprendiendo aquello que le gusta para nunca sentir el veneno de la envidia, ni los celos que se sienten cuando piensas que nunca lograras tener lo que otros tienen. Todo está en tu corazón tus sueños y tu trabajo.
CAPITULO V
KESSIE DEJA HUELLA
Eran las vacaciones de diciembre Zuleika estaba en quinto grado de primaria ya para entonces sabía ordeñar sólo con una mano ¡pero sabía! era tiempo de secas solo pocas vacas daban leche y en su familia solo la vaca Kessie una vaca pinta negra con manchas blancas de mediana edad y estatura, era la que aportaba la leche para la familia. Todas las mañanas Zuleika a las ocho en punto salía a los corrales con su lazo para pialar la vaca, el maíz que mantendría entretenida a Kessie mientras Zuleika la ordeñaba, un banco de fierro para sentarse y la jarra. ¡Y esa mañana fría, ay va¡ con todo su armamento abre la puerta que da a los corrales y ve a Kessie echada. ¡No la está esperando como otros días en la puerta! La niña la divisa con ternura y dice pobrecita Kessie tiene frio por eso no se levanta, al rato la ordeño cuando caliente un poco más el sol, y se va a seguir jugando varias veces se asomó a ver sí ya se había parado la vaca y nada. Zuleika solo pensaba que era el frío ese día todos los depósitos que contenían agua estaban hechos hielo, el piso escarchado con un manto blanco donde los rayos del sol con pereza iluminaban aquella mañana, respetando el sueño de Kessie.
Pero cuando Zuleika vio que ya iba ser hora de que regresara su madre de traer los víveres para el día, con pena y todo agarro sus arreos de trabajo y ahí va al corral, no se acerca mucho a la vaca deja las cosas sobre la barda y se va a sacar al otro corral a la cría de Kessie que ya está berreando y que en cuanto le abre, da gustosa un brinco haciendo cabriolas va con su madre ya tiene hambre, ¡Y entonces!.. Zuleika se da cuenta que algo no está bien ¡Kessie la vaca no se mueve! Su hija le da pequeños topes… ¡Y ella no se mueve! …Y Zuleika se acerca toca a la vaca y tampoco se mueve, está quieta, con los ojos cerrados y parece que está echada durmiendo, la sembradora donde esta recargada no permite que su cuerpo se desparrame, en ese instante Zuleika se da cuenta… ¡La vaca está muerta! Su vientre abultado le dice a la niña que Kessie se comió una campamocha (mantis religiosa) y ya no despertara jamás, su hija sigue brincando alegre a su alrededor pero Kessie ya no está en este mundo. Zuleika las mira, a la vaca y su hija las lágrimas escurren por su rostro, ve el maíz que ya la vaca no se comerá, observa el amplio corral con su manto blanco y el sol en el oriente comenzando a calentar…eleva sus ojos rasos de lágrimas al cielo y le pregunta a Dios.
¿Por qué?… ¿Por qué se quedó la pequeña cría huérfana? ¿Por qué? Las lágrimas como ríos incontenibles y en silencio llegan en gotas al suelo.
El día es bello y aquel cuadro en los corrales cubiertos de escarcha blanca, saliendo el sol, una niña, una cría de vaca y Kessie echada es de postal, pero una postal… ¡Con una vaca muerta!… Sin mirar por las lágrimas silenciosas que ruedan Zuleika va y se sienta en una enorme piedra, donde solía sentarse a ver a Kessie comer mientras lamía a su cría y ella tomaba algo de sol, pero en ese momento el sol le provocaba frío desolación y tristeza, veía anaranjada la mañana parecía irreal eso era otro mundo y como ¡Dolía! Le dolía el frío del alma y se decía.
__ ¡Sí sólo es una vaca! Porque sufres.
Pero eso no paraba su dolor y el escalofrío que recorría sus huesos, miraba a la cría y el dolor punzante era mayor al pensar que se había quedado huérfana y ahora quien sería su madre. Zuleika no es consiente del tiempo que transcurrió en ese marasmo de dolor y tristeza hasta que a lo lejos le llegaron sonidos del mundo real, su madre llegaba de la calle y esperaba encontrar ya la leche sobre la mesa. Escucha a lo lejos un grito.
__Zuleika ¿Dónde está la leche?
La niña saliendo de su letargo de dolor reacciono y pensó.
__ ¿Cómo le digo a mi madre? Sin que sienta lo que yo estoy sintiendo ¡Que la vaca murió!
Lo primero que hizo fue respirar hondo para poder parar el llanto silencioso, enseguida se levantó y comenzó a caminar hacia la casa, sentía que caminaba sin caminar aun cuando se escuchaba el crujir del hielo de la escarcha en el piso, su cerebro daba órdenes pero su cuerpo no estaba para obedecer, él no se quería mover, ni tampoco su corazón quería parar de llorar, Zuleika estaba sofocando a su diminuto cuerpo con tanta orden, si su alma y su cuerpo querían gritar, patalear y seguir llorando, pero no podía ni debía, y ahí va.
__ ¡Que pesadas son las puertas cuando no las quieres abrir!
Pensaba Zuleika, le dolían las delgadas piernas a cada paso que daba caminando sin querer caminar, al fin llego a la cocina donde su madre ya preparaba el desayuno y Zuleika hala aire porque las palabras se niegan a salir y por fin las palabras salen de su garganta lastimándola como se fueran erizos y le dice a su madre lo más impersonal posible.
__Kessie está muerta, se comió una campamocha.
En eso estaba llegando su padre del molino de nixtamal donde trabajaba, desde las cinco a las diez de la mañana y pregunta.
__ ¿Qué dices Zuleika?
A lo que la niña, volviendo a halar aire y recargándose en la pared contesta exhausta.
__ ¡La vaca está muerta!
Su padre y su madre cruzaron miradas y aun cuando les dolió no dijeron nada quizás ya estaban curtidos en esos menesteres pensó Zuleika. Y les pregunta a sus padres
__ ¿Qué van hacer con la cría?
A lo que contesto su padre.
__Le vamos a buscar una nodriza y si no la acepta alguna de las vacas de tus tíos le tendrás que dar de comer con un biberón.
Y Zuleika les vuelve a preguntar imaginando el enorme hoyo que hay que cavar.
__ ¿Dónde van a enterrar a Kessie? Mínimo merece que la enterremos ella nos daba leche.
Su padre sonríe triste y le dice.
__No se puede enterrar, los coyotes y los buitres también tienen que comer, la vamos a remolcar con un tractor al llano para que esos animales se la coman.
Zuleika veía a su padre seco frío, algo distante y se pregunta.
__ ¿Cómo no le duele, como me duele a mí?
Recordó que los hombres de la familia comían huevos de toros mágicos, quizás era eso lo que le daba valor, pero ella también había comido pero su dolor no pasaba y ahora le decían que la vaca sería comida de buitres y coyotes, como podían hacer eso con la vaca que les daba leche y queso, no se resignaba.
Vino uno de sus tíos con un tractor arrastraron la vaca que dejo su rastro marcado por el camino hasta el llano donde en otros tiempos pastara y después donde sería devorada por los animales carroñeros.
Zuleika trajo un biberón con leche y entre lágrimas alimento a la becerrita, pasaron los días y cada que iba para el potrero, Zuleika divisaba los restos de Kessie con los buitres volando alrededor, los coyotes esas noches no lloraron tenían comida, paso el tiempo y solo los huesos de la cabeza de Kessie quedó en el llano testigo mudo de su paso por esas tierras. Su cría afortunadamente encontró nodriza en otra vaca que tuvo por ese tiempo su cría y Zuleika tuvo su lección sobre la vida, la muerte y la orfandad. No tuvo que leerlo en ningún libro y aun cuando ya había pasado por la muerte del tío Antonio, esta vez el desamparo de la cría de Kessie le hizo pensar en el dolor de tanto niño que se queda sin la presencia de su madre y pensaba Zuleika que esos niños.
__ ¡Nunca dejarían de extrañar a su mamá!__ Le dio gracias a Dios por todo lo que a ella la vida le daba, simplemente el volver a respirar a sentir el calor del sol y el mismo frio que hace que ningún día sea igual a otro y sobre todo estaba rodeada de su familia.
Este final de la historia puso tristes a los hijos de Zuleika, que ya sabían que si se bañaban temprano, hacían su tarea y mientras ellos cenaban esperando a su papá, ella su madre Zuleika, les contaría cuentos que no estaban en ningún libro porque su mamá era especial había comido huevos de toro mágicos y tenía historias fantásticas de un mundo que ellos no conocían viviendo en una urbe, sólo a través de los ojos de su madre y sus recuerdos ellos, entraban aquel mundo mágico del campo y sus bellezas echas lecciones de vida.
Fin (DERECHOS RESERVADOS EDITH MUÑOZ IBARRA diciembre 2015

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